28.6.11

Danzarines

Te cuento cómo le fue a Sofía en su recital de danza, te recomiendo una película que te tocará el corazón.
Mi pequeña Sofía se presentó en su recital de danza. Fue ayer y la que estaba más nerviosa era yo. A Sofía le encanta bailar, como les he contado, cada vez que escucha música se pone a bailar donde sea. Puede bailar desde Tchaikovsky, pasando por Miles Davis, saltando con los Talking Heads y sonriendo con Peter Gabriel. Muy a mi pesar también puede bailar Shakira, en fin, todo lo que sea musical ella lo baila.

Ayer bailó a los Beatles con la versión de Horacio Franco, maestro de la flauta en México.

Antes de entrar al teatro, la vestí, le puse sus mallas; la peine, le hice sus chongos y le coloqué su coronita; la pinté, le puse chapitas y brillo en los labios. Ella se puso las zapatillas, me enseñó cómo se las ponía su maestra. Cuando me explicaba cómo se ponía las zapatillas estaba con la lágrima de cocodrilo a punto de salir. Me emocioné mucho, sin darme cuenta le heredé el gusto por bailar y lo mejor es que se divierte haciéndolo.
La función fue el trabajo final del taller Danzarines, es un taller de danza lúdica para los niños. Fueron cinco coreografías con musica de Bjork, The Beatles, donde salían los niños apoyados de bailarines profesionales. Este apoyo me gustó porque es una buena forma de soltar a los niños al espacio escénico sin dejarlos solos.

Niños y niñas desde 2 hasta 10 años, bailaron ante el público sin ninguna pena. El espacio era de ellos y de la música. Me gustó mucho ver a niños pequeños que todavía se les dificulta caminar, pero que ya se mueven con el ritmo y lo disfrutan.

En la tercer coreografía salió Sofía. Se veía hermosa con su tutú azul. Cuando la vi entrar al escenario mi corazón empezó a latir más fuerte. Tenía la cámara en la mano pero la emoción no me dejó separar la vista de todo su baile. No quería perderme ningún segundo, no quería parpadear. Quería grabar en mi memoria todos sus movimientos. Grabé en mi corazón su cara de concentración y alegría. Bailó, bailó y bailó. Mi sonrisa no cabía en mi rostro. Mi pequeña bailarina.
Al terminar la función todos los papás aplaudimos a nuestros niños. Un aplauso bien merecido por su esfuerzo, por pararse en el escenario, que no es cosa fácil, por hacernos sentir maravillados de todo lo que pueden hacer.

Salieron los bailarines. Salían del Teatro niños y niñas emocionadas, recibiendo las felicitaciones de sus papás. Salió Sofía y le dimos unos girasoles como regalo de prima bailarina. Fue una gran momento para ella. En la noche, antes de dormir le pregunté qué era lo que más le había gustado del día. Me respondió: “estar en el teatro”. Querida Sofía -pense, mientras le daba su beso de buenas noches- ya te gustó el teatro, te gustó el escenario. Ya que lo probaste, no lo vas a poder dejar. Bienvenida al mundo del movimiento.

Felicidades a Danzarines por hacer esta labor tan importante y honesta. Es un gran trabajo el enseñarle a los niños el valor del escenario y es un gran regalo el enseñarnos a los papás la capacidad que tienen nuestros hijos.

Para los papás: Hablando de danza y música, les recomiendo el documental War Dance. Lo vi el sábado pasado, me conmovió al grado de las lágrimas y me llenó de energía para proponer y hacer algo por nuestros niños mexicanos. War dance cuenta la historia del grupo de música y baile de la escuela primaria de Patongo, en el norte de Uganda, África. Estos niños toda su vida han estado alrededor de la guerra; algunos son huérfanos, otros los han secuestrado los rebeldes para ser parte del ejército. Ahora lo que les da sentido a su vida es el Concurso Nacional de Danza. Este documental es un viaje por la realidad de los niños de Uganda y su entrega en cada baile y cada canto de su tierra. Se las recomiendo mucho. Es una experiencia de vida.

Esta película la pueden ver gratis por internet. Solo tienen que meterse a la página web. Aquí les dejo un adelanto:





Más información:
Danzarines:
Protasio Tagle No. 57 Bis interior 6
Col. San Miguel Chapultepec
Tel. 5553 5046
Móvil 04455 1836 3716
http://www.danzaludica.blogspot.com/

23.6.11

Un viaje y un Museo

Te cuento de qué platicamos Sofía y yo por teléfono. Te recomiendo visitar de nuevo el Museo de Antropología e Historia. Te recomiendo unos talleres de verano.

¿Les ha pasado que hay días que parecen no terminar? Así fue mi día de ayer. Despertarme temprano, llevar a Sofía a la escuela, ir a una junta de trabajo, grabar mis cápsulas de radio, afinar guiones, regresar a casa, hacer maleta, comer y salir al aeropuerto. Todo esto antes de las tres de la tarde. Entre llamadas de producción y coordinar con mi mamá que pasara por Sofía a la escuela. Ayer fue un día de locos.

En el avión me dormí sin darme cuenta. Cuando llegué a Cancún, me pareció curioso que era de las pocas personas que viajaba para trabajar, lo más curioso fue que me gustó esa sensación.

Antes de dormir le marqué a Sofía para ver cómo estaba. Escuchar su voz me llena de energía. También estaba a punto de dormirse. Platicamos de su día en la escuela, que había hecho una corona de papel, pero no había terminado de dibujarla, que se había comido todo su lunch, que había nadado muy bien. Después de su narración de su día me dijo: -Ahora tú cuéntame, ¿estás en Chetumal o en Veracruz?- Me dio mucha risa porque son los dos lugares que más se acuerda mi hija y lo dijo con un tono de aseveración de niña grande que me dio mucha ternura.

Le conté que estaba en Cancún, que solo estaría un día por acá para trabajar. A lo que me contestó -¿Ahí sigue siendo México?- Le dije que sí, que Cancún era México y que por eso, seguía estando muy cerca de ella. Me gustó esa metáfora donde por seguir estando en el mismo país, estamos cerca. Seguimos en casa.

Le conté que ella ya había visitado Cancún, que había nadado en su mar, que estaba en el mismo estado que Chetumal, que el estado se llamaba Quintana Roo, que Quintana Roo está en una península, que una península es como un bracito de tierra que está rodeada de agua. Platicamos un buen rato por teléfono y Sofía quería saber más. Le conté que aquí había pirámides y cenotes, que había selva y mucho mar.

La plática terminó. Nos dijimos buenas noches y nos mandamos un beso. Cuando colgué me quedé con la emoción de contarle más sobre este estado y de contarle más sobre otros lados de su país. Así que se me ocurrió la idea de llevarla este fin de semana al Museo Nacional de Antropología e Historia, para que conozca las regiones y las costumbres de cada lugar.

El Museo Nacional de Antropología e Historia, en lo personal, me encanta. Es un museo magno en arquitectura y contenido. Me entusiasma la idea de caminar por los pasillos de la mano de Sofía y descubrir a través de mi hija las diferentes culturas que forman nuestro país. De dónde viene la cultura de cada región. Lo que más me gusta es ver que a pesar de los años y de una supuesta homogeneización cultural, lo ancestral de cada zona sigue evidente. La historia antropológica sigue estando presente.

Les recomiendo que vayan al Museo Nacional de Antropología e Historia, aunque todos hemos estado alguna vez en este recinto, ahora con nuestros hijos lo podremos descubrir de otra forma ¿no creen?

También les recomiendo le echen un ojo a los talleres de verano para niños, son varias actividades en donde trabajarán con elementos prehispánicos, para niños a partir de 6 años, hay artes escénicas, vitral, cerámica, joyería, etc. Y Para los peques más chicos hay talleres familiares de mitos y leyendas y escenas cotidianas de cómo vivían nuestros ancestros prehispánicos. Se ven bastante divertidos. Para más información, da clic aquí.

Para los papás: Les recomiendo hagan el paseo virtual del Museo, esta muy bien hecho. Solo dale clic aquí