10.5.16

¡Que vivan las maternidades!

¿Qué significa ser madre hoy en día? Busco una nueva definición de este concepto y encuentro una diversidad maravillosa. Te cuento:



Desde hace tres días traigo un pensamiento que no para. Tantos mensajes sobre el día de las madres, tantos agradecimientos al concepto de la madre que está presente en las buenas y en las malas, que enseña, que ama de manera incondicional, que primero ve por sus hijos que por ella misma. Pareciera que la definición de ser mamá es clara, evidente y bien establecida sobre lo que se debe hacer; lo que se espera que se debe hacer.

Cuando nació mi hija me di a la tarea de hacer todo lo que quería hacer: terminar un documental, enrolarme en una Maestría, ser cofundadora de una ONG por el parto respetado, viajar y hasta correr mi primera (y única hasta ahora) carrera de diez kilómetros. Me abrazaba una energía vital que le daba más sentido el decir: “lo hice y soy mamá”. Varios años pasaron así, en el hacer muchas cosas y al final ponerle la cereza del pastel “...y soy mamá”. Un día que me escuchaba a mi misma decir esta frase dándome unas palmaditas de autoaprobación me vino una reflexión desde dentro, muy profundo en mi: “¿qué quiero demostrar?” Pareciera que todo este discurso de hacer muchas cosas y además ser mamá era la necesidad de demostrar que mi vida profesional, social e incluso de pareja no se acaba por ser mamá.


Después cambié de prioridades, primero era mamá y después hacía todo lo demás. Pero esto parecía como si escribir o dar clases o trabajar como asistente de dirección para una película fuera un mero premio de consolación, una simulación de la vida real porque ante todo era mamá, eso era lo que me definía, pero ¿realmente eso me definía? O ¿realmente me definía ser Comunicóloga? En esta disyuntiva entre la vida de mamá y la vida profesional se movía la balanza. Si descuidaba un lado empezaban los discursos (internos y externos) que le debía dedicar más tiempo a mi hija. Si descuidaba el otro lado, empezaban las cuentas a subir y subir hasta convertirse en deudas a final de mes; más aparte los discursos de qué estaba haciendo con mi vida si había estudiado una carrera y no podía “sólo ser madre”.


Así llego a la pregunta ¿cómo es ser mamá en este 2016? ¿qué significa ser mamá ahora? Pareciera que existe una necesidad de demostrar un balance perfecto, casi irreal entre estos dos universos. A veces siento que como mujer me he impuesto demostrar que sí puedo ser las dos cosas y ser exitosa, tener todo bajo control. Pero en mi experiencia esto no se ha dado: a veces trabajo queriendo estar más tiempo con mi hija y a veces estoy con mi hija con ganas de regresar a trabajar. Así encuentro la necesidad de redefinir el concepto de madre ¿Cómo quiero definirme en mi rol de mamá? O más bien ¿Cómo me defino como ser humano que acepta la responsabilidad de compartir y guiar la vida de Sofía, el ser que di a luz? El ser madre es un rol, no es mi definición última; así como el ser hija, el ser esposa, el ser profesionista: es ser humano.


Volteo a mi alrededor y me doy cuenta con un asombro que termina en entusiasmo, que existe una variedad de maternidades. Hay mujeres que están explorando su maternidad desde sus instintos, sus necesidades humanas para que sus propias balanzas estén alineadas. Mamás prolactancia, mamás profórmula, mamás que trabajan, mamás que no trabajan, mamás con nanas, mamás sin nanas, mamás de colecho, mamás sin colecho, mamás protelevisión, mamás antitelevisión. Mamás, madres; seres humanos que tratan de ser, de encontrar, de dar lo mejor de ellas mismas, con sus dudas, sus errores, sus aciertos. Me doy cuenta que ser mamá hoy en día se define desde la diversidad de seres humanos que reafirman su rol de madres, cada quien en sus búsquedas, cada quien en sus necesidades propias, en las necesidades de sus hijos e hijas. Mujeres madres, abuelas madres, tías madres, amigas madres, hombres madres, seres humanos. A tí, quien quiera que seas, que asumiste este rol y lo haces valer a diario; a tí ser humano-madre te digo desde un abrazo del corazón: ¡Muchas felicidades!


4.5.16

Tacos, Cultura y Axiote



Les cuento cómo en el restaurante Axiote de Playa del Carmen mi hija y yo descubrimos algo más allá que el sabor.


Resulta que nos dimos una escapada a Playa del Carmen y fuimos a conocer el restaurante Axiote del chef Xavier Pérez Stone. La filosofía de este lugar es que todos los platillos están hechos con productos mexicanos. No es cocina mexicana, sino cocina de México, una forma de incentivar la economía nacional.

Lo que me gustó del menú es que cada platillo tiene su historia y una región del país en qué pensar. Probé el atún de ensenada y su sabor me llevó al otro extremo del país, a la brisa de nuestro mar del norte, con una frescura fascinante. Adiós al centralismo desde la cocina.

El momento más interesante fue cuando le llevaron a Sofía, mi hija, los tacos que había pedido (también hay menú infantil, lo cual es una maravilla). A Sofía le encantan los tacos dorados y fue una sorpresa que los que le dieron eran blandos o tradicionales: la tortilla y encima la carne. Se quedó un rato viéndolos, tratando de descifrar qué hacer. Le pregunté por qué no los probaba si se veían bastante buenos y me contestó que no sabía cómo. Ahí le puse pausa a mi atún y a mi viaje imaginario a Ensenada. Me concentré en el caso de mi hija al cien por ciento ¿cómo no me había dado cuenta antes? ¿Cómo mi hija no sabía comer un taco? A su defensa dijo que sí podía hacer taco con sal y limón; a veces con frijoles refritos, pero algo más sustancioso como la carne, se le dificultaba, así que empezaron las clases de cómo comer un taco: Paso 1. Se prepara y acomoda el contenido. Paso 2: Se enrolla la tortilla. Paso 3: se toma el taco con el dedo índice y el medio por arriba, el pulgar por abajo; los tres ejerciendo la presión necesaria para mantener la tortilla cerrada, pero que no se rompa. Por añadidura se sube el dedo chico para dar espacio cuando se lleva a la boca o también se puede poner debajo de la tortilla para darle soporte. ¡Vaya, el arte de comer un taco!

Después de practicar varias veces, mi hija aprendió a preparar, enrollar y degustar sus taquitos de carne sin que se le rompiera la tortilla o se le regara el contenido por el plato. Ahora es oficialmente una mexicana que sabe comer tacos. Esta experiencia me dejó pensando ¿Cómo aprendí? Seguro mi papá o mamá tuvieron una sesión como la que Sofía y yo vivimos ayer. Estos temas culturales que a veces damos por hecho, pero que tienen un origen, forman parte de nuestro ser mexicano o mexicana.

Hace unos años mi esposo y yo trabajábamos en un proyecto documental en la zona maya de Quintana Roo. Un gran amigo, que también trabajaba en el proyecto, el Dr. Francisco Barriga, Coordinador Nacional de Antropología por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, nos comentaba que para ser parte de una cultura hay que conocerla, saber identificarla, sentir un gusto particular por ella y lo más importante, ser competente: saber cómo se hacen las cosas y los significados que tienen. Así, en el acto cotidiano de comer un taco, mi hija se volvió más competente en su ser mexicana.

Me encantó tener esta sesión de aprendizaje cultural en un espacio como Axiote, donde nuestra experiencia de lo mexicano se extendió más allá del sabor.

Más información sobre Axiote: 
Calle 34 entre 5 y 10. Playa del Carmen, Quintana Roo