29.5.12

Templos, vinos y crinolinas.


Les platico qué lugar histórico conocimos este fin de semana. Les recomiendo un restaurante en el Centro y les cuento nuestro aventura en el metro.

Le dije a Sofía que nos íbamos en metro. Rápidamente corrió al closet y sacó un vestido con crinolina, me lo enseñó y me dijo con un tono que solo ella sabe hacer “ándale, solo por hoy”. Le volví a explicar que iríamos en metro, que le daría mucho calor. Era domingo, íbamos a festejar a su tío y además, le encantaba ese vestido. Entró al metro con crinolina.

El festejo empezaba en el Templo de San Hipólito, ubicado en Reforma y Avenida Hidalgo, en el Centro. Siempre que paso por ahí veo mucha gente. Sabía que es el templo de San Judas Tadeo y que todos los devotos a San Judas se concentran en este templo para pedir o agradecer una causa difícil. Me llamaba la atención entrar, pero no se había dado hasta ahora.
Entramos al Templo. Si por afuera se ve enorme, por adentro pierdes la dimensión. Había mucha gente porque aparte se acercaban los festejos del 28 (día de San Judas Tadeo) y aún así, sobraba espacio para que entraran más fieles. Por un tiempo fue considerado la iglesia más grande de la Ciudad. 

En este lugar se desarrolló la batalla de la noche triste, donde perdieron la vida un gran número de soldados españoles contra los guerreros de Tenochtitlán. Construyeron el templo en ese lugar, por el recuerdo de los soldados caídos. Con esa historia, con esa vibra, sigue siendo uno de los lugares más importantes para los católicos citadinos. Ahora, Sofía y yo conocíamos el lugar.

En las puertas del Templo hay jóvenes, señores, señoras, niñas vestidas de San Judas Tadeo. Todos están formados repartiendo flores, dulces, figuras de San Judas, pulseras y otros regalos más. Mi hermano me explicó que los regalaban en agradecimiento de que San Judas les cumplió un milagro, así que esa dádiva se tenía que regresar. Sofía feliz con las paletas que le regalaban, yo muy interesada de este sentimiento de comunidad, tratando de entender este espacio de mi ciudad.
Se celebró la misa. Sinceramente, hace mucho que no asistía a una iglesia. Desde la Universidad me interesé más en entender al Jesús Histórico que al Religioso. Lo que me quedó claro el domingo, en esta experiencia cultural, es que vale la pena estar en contacto con lo espiritual, con la religión o creencia que sea, pero encontrar un espacio de meditación. Me di cuenta que ese espacio místico se lo quiero plasmar a mi hija. Que esté en contacto con su ser espiritual. ¿ustedes, qué opinan sobre este tema?
Todos los asistentes al Templo llevaban un San Judas Tadeo, no importaba el tamaño o el material. Una señora llevaba un San Judas en origami, me sorprendió el trabajo en papel, cada detalle del Santo estaba ahí. Al final de la misa, todos levantaron a sus Santos para bendecirlos. Salimos y la repartición de dulces, pulseras y flores seguía, pero ahora eran otras personas. Otros fieles que agradecían a San Juditas.

Salimos de San Hipólito y entramos al metro, con todo y crinolina. Nos bajamos en la estación Pino Suárez para caminar un poco hacia la calle de Mesones. Aquí hago un paréntesis enorme porque no conocía esta calle y me parece importante compartir el dato: todo lo que necesiten de papelería está en la calle de Mesones. Es el mundo de la papelería y la mercería. ¡Yo me quedé con ganas de regresar solo a ver qué venden para la escuela de mi hija!

Seguimos caminando por la calle de Mesones, hasta llegar al número 171, al restaurante Al Andalus. Entramos a una casona antigua donde los sabores árabes se dejaban disfrutar sin ningún capricho. Nos sentamos en la terraza y en cuanto nos instalamos, empezaron a llevar los platillos: jocoque, humus (garbanzo molido) , kepe crudo (carne cruda), kepe bola, babaganush (berenjena molida), tacos de cordero. Comimos, comimos y comimos. Sofía fue feliz con el jocoque, el arroz con lentejas y las papás hervidas sazonadas al ajillo.

Llegaron los postres. Una charola llena de dedos de novia y más dulces típicos a base de pistache, hojaldra y miel. Un pastel de chocolate, uno de nuez y uno de manzana. Seguimos comiendo. Para el café, pedí un café turco. Me gustó porque sabía fuerte, pero nada que me dejara temblando hasta las dos de la mañana.

Cuando estábamos terminando, Sofía me dijo que había visto a una amiguita de la escuela. Yo no vi a nadie, así que le dije que se estaba confundiendo. De pronto apareció en la mesa. Sí era su amiguita de la escuela, se saludaron y se pusieron a jugar. Cuando las vi juntas se me escapó una sonrisa: Las dos traían vestidos de crinolina.

Para los papás: Si van Al Andalus, les recomiendo que pidan el vino tinto libanés. A mi me gustó porque tenía un sabor fuerte, que me combinaba muy bien con los sabores de los alimentos. Para después del café, pidan el anís de la casa con un poco de agua y hielo, es una bebida tradicional. Me pareció muy refrescante y con un buen nivel para seguir la tarde de domingo.

Les dejo este video que encontré, para que ¡se les antoje más!



24.5.12

Héroes.


Les comparto una reflexión y les recomiendo que la platiquen con sus hijos.

Cuando mis maestros me decían: “Yo aprendo más de ustedes, que ustedes de mi” me parecía una frase ya muy usada, pero como dicen por ahí: “uno no experimenta en cabeza ajena”.

Ahora que estuve en el taller de escritura para mujeres 2.0, entendí esa famosa frase de los maestros. l La retroalimentación de las asistentes fue muy interesante. Fue ver el proceso de escritura desde otro lado, con otra visión.

En el taller terminamos hablando de que el texto es una historia, en cada publicación debe haber un conflicto que superamos. Entonces, entramos a analizar la palabra conflicto y vimos que conflicto no quiere decir algo negativo, sino que es parte del arco dramático de nuestras vidas y es aquello que nos hace mejores personas. Por ejemplo, si mi hija tiene un berrinche, es un conflicto, para ella y para mi, si yo se cómo controlar ese conflicto, me vuelvo la heroína de mi propia historia y me vuelvo mejor persona, porque ahora ya sé cómo evitar los berrinches de mi hija.

Así lo podemos ver con todo: el problema en el trabajo, los miedos conmigo misma, la desesperación del tránsito por las mañanas, el tiempo que no alcanza para mucho, el gato que no me deja dormir. Todos esos son conflictos del día a día que en algún momento tengo que superar y ahí es cuando paso por el arco dramático y me vuelvo heroína de mi propia historia. Casi que hasta le gano a Lara Croft ¿a poco no?

Y a Frodo, o a Batman, o a la Mujer Maravilla. Todos somos nuestros propios héroes, porque en la rutina diaria superamos conflictos, aprendemos de nosotros mismos, nos enfrentamos a nuestros miedos y resurgimos con poderes diferentes. ¿no creen?

¿Cuál sería el capítulo de su vida que más les gustaría compartir? Ese se lo podemos platicar a nuestros hijos, compartirles y enseñarles que a pesar de nuestros errores e imposibilidades, somos héroes de nuestra vida. Ellos, nuestros hijos, también lo son.

Y solo por no dejar y porque me encanta esta canción. Les paso Heroes de David Bowie.

Ser héroes solo por un día, todos los días de nuestra vida....