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imagen publicada en estadomayor.mx |
Esto de las fiestas patrias me emociona, aunque ya hayan pasado. Tal
vez porque mis papás son militares y me inculcaron el amor a los
símbolos patrios. Recuerdo que todos los 15 de septiembre subíamos
a la azotea de mi casa. Mi papá subía la televisión. Ahí, en lo
más alto de la casa, veíamos cómo el Presidente en turno daba el
grito de Independencia. Cuando salía la bandera y sonaba el Himno
Nacional, mi mamá nos ordenaba que nos pusiéramos de pie,
saludáramos a la bandera reflejada en la televisión y cantáramos
en voz alta el Himno Nacional. Desde ese entonces, es inevitable
emocionarme cada vez que canto el Himno.
Después
del grito y la ceremonia cívica, veíamos los fuegos artificiales
que hacían eco en el cielo de nuestra azotea. Vivíamos
relativamente cerca del Zócalo, así que se alcanzaban a ver las
figuras y colores que lanzaban desde Palacio Nacional.
Ayer
que vi publicada la nota publicada en Estad Mayor de “Una crónica
a través de las redes sociales: el #DesfileMilitar #16De Septiembre”
(http://www.estadomayor.mx/85613),
me hizo recordar mi infancia. La mayoría de las veces veíamos el
desfile en la televisión y luego íbamos muy cerca del Hospital
Militar para ver a las tropas regresar después de una larga jornada
de marchar en el desfile. Mis papás siempre tenían una anécdota,
un recuerdo de las veces que les tocó a ellos desfilar: una vez mi
mamá estrenó botas en el ensayo del día anterior, y se le
ampollaron los pies hasta que le sangraron, pero al siguiente día
marchó, dice que es el mejor desfile que recuerda. Otra vez, en uno
de los ensayos, mi papá estaba marchando, cuando vio pasar a mi
mamá; mi papá, por voltearla a ver, se tropezó en una zanja y se
fracturó el pie, se lo tuvieron que enyesar y no pudo marchar.
Anécdotas
ciertas o tal vez algunos mitos; lo que sí es que me encantaba ver
la otra cara del desfile: la de las personas que se veían tan
cercanas y familiares, porque de alguna manera así eran, ya eran
parte del imaginario de mi familia.
Veo
las fotos y los videos que recopila EstadoMayor.mx y recuerdo esa
sensación de cercanía. De que independientemente del uniforme, e
incluso por el uniforme, éstas historias me maravillan, se vuelven
parte de mi familia. El piloto que saluda a sus papás desde el aire,
sí él lo logró, llegó a ser piloto militar. La banda que toca una
de Juan Gabriel, porque están contentos, porque es un día de
compartir con la comunidad. Las y los soldados saltando de alegría
por el final del desfile, lo lograron, un año más. Llegando en
metro. Llegando a su día. Llegando a su razón de ser y estar, por
esa idea tan compleja que es cuidar a México, más ahora, más
compleja.
Por
mucho tiempo renegué del mundo militar. A veces, todavía no logro
entender su mística. Lo que me queda claro, es que hay una emoción
que nos mueve, la idea de un país independiente, la idea de una
comunidad que se une. Ahora me toca enseñarle eso a mis hijos. Esa
es mi labor ciudadana; para que los siguientes 16 de septiembre,
sigamos celebrando en familia (militares, civiles, en fin, seres
humanos) por esto que llamamos México.
Para leer la nota “Una crónica
a través de las redes sociales: el #DesfileMilitar #16De Septiembre” da clic aquí.