21.4.17

La cultura maya sigue viva.



El Gran Museo del Mundo Maya nos encantó a mi hija y a mí. Desde que entramos nos emocionamos al ver huipiles y bordados de la zona maya. Lo que más me gustó fue el orden de la museografía. Empiezan en el presente y así vas pasando por el museo y el tiempo, hasta las pirámides y todo lo referente a los antiguos mayas, los ancestros.






Los mayas están vivos y se deja muy claro en el museo. Esto me recordó hace un mes, que mi hija estaba viendo en su escuela el tema del "México prehispánico". Justo le tocaba el tema de los mayas. Sofía parecía sorprendida porque su papá y yo hemos trabajado constantemente en comunidades mayas de Quintana Roo y ella nos acompaña. Mientras su papá está en el monte haciendo documentales, o yo en los poblados haciendo cursos para mujeres emprendedoras mayas, nuestra hija juega en contar caracoles en la selva o a sacar hilos de algodón en el telar de las amigas. Regresando al tema de la escuela, al escuchar en su clase de historia que hablaban de "los antiguos mayas", ella se sorprendió y me preguntó "¿que no los mayas siguen vivos?". Yo le contesté que sí. Siguen vivos, son ciudadanos/as de México y el mundo. Cada vez más activos desde las redes sociales para mantener la lengua y la cultura viva, en el aquí y en el ahora.


La experiencia del Gran Museo del Mundo Maya fue bastante agradable (a pesar que los proyectores ya están gastados y no se alcanza a ver de manera nítida los vídeos), la visita se vuelve interactiva y entretenida. La gente del museo es muy amable y explica bastante bien lo que hay en cada sala, se siente su orgullo por el museo.


Viajar a Mérida, tomar una champola en Paseo Montejo, disfrutar unos papadzules y buena música en la Plaza Grande del Centro Histórico, se antoja. Sería la mejor opción como pretexto para visitar el Museo; pero si el presupuesto no da, también se puede tener un primer encuentro por la página de internet: tiene un recorrido virtual bastante bueno y una sala interactiva con juegos didácticos para niños y niñas: https://www.granmuseodelmundomaya.com.mx/

                                                                                                                                                                                        

12.4.17

Oasis de creatividad e innovación.


El sábado pasado, el zócalo estaba cerrado por una marcha más de las ya rutinarias en la Ciudad de México. Mientras tanto, a cinco minutos de ahí, en la calle de Guatemala número 18, justo atrás de Catedral, se abría un espacio a la innovación, casi como si fuera una isla o un oasis de alegría, ingenio y creatividad. Era la Feria First Lego League Jr. en México, que presentaba a varios equipos de niños y niñas que a partir de construcciones, con el tema de diferentes hábitats de animales, hechos en Lego, programaron el volar de una abeja. 





Este proyecto se realizó gracias a Fundaciones Telefónica, Robotix, Lego y la sede del Centro Cultural de España en México. Mi hija participó en este encuentro y estaba feliz. Tomó un taller de construcción en Lego y programación robótica. El taller duró un mes, sábados y domingos en el Centro Cultural España. Cuando salía de su curso, me platicaba muy emocionada sobre lo que habían hecho, pero no le lograba entender: "ya programé el patrón", "ya le puse el circuito", me decía y yo sonreía porque la veía contenta y satisfecha, con eso yo soy feliz, pero de teoría no le entendía nada ¡Hasta que vi volar la abeja! ¡Vaya maravilla!




No podía cerrar ni boca, ni ojos del asombro. Más de 12 grupos de niñas y niños expusieron su construcción y programación. Se lo presentaron a los representantes de las diferentes fundaciones y al público en general que les llegaba a preguntar. De pronto, estaba en una feria de tecnología e innovación en toda la expresión de la palabra. Niñas y niños creadores que explicaban su mecanismo de construcción y programación, pero sobre todo, compartían su alegría, creatividad y entrega.




Me encantó la actividad de premiación. Todos y todas ganaron. Les reconocieron a nivel personal cada uno de los esfuerzos de su trabajo. Me gustó que no fuera competencia, sino una Feria, una convivencia familiar de nuevos mecanismos para crear a través de la tecnología. Quién sabe, igual y de aquí sale una astronauta o un inventor o una comunidad de ciudadanos/as digitales. Por lo pronto a mi hija le encantó programar el movimiento de un robot, y sí ya le gustaba Lego, ahora es toda una pasión.

¡Por más oasis de creación, convivencia e innovación en la Ciudad de México! Seguiré echándole el ojo a las Fundaciones Lego, Robotix y Telefónica, junto con el Centro  Cultural España, que a mi hija y a mí nos está gustando mucho lo que están haciendo.

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