2.2.20

Adiós a La Bella ITalia

 
Los fines de semana iba con mi hija a tomar un helado. Ella de vainilla, yo de yogurth. A veces, también un flotante. Todas las veces que fuimos nos atendió la misma señora, ya era parte de la tradición.

Ahí, mi hija conoció las rockolas y cómo funcionaban. De hecho, cuando íbamos, ella era la encargada de poner la música. Ponía a Michael Jackson y a los Beatles. Pasamos varias tardes viendo la ventana, disfrutábamos ver cómo pasaba la gente, mientras tomábamos helado y platicábamos del tema del momento, según la edad de Sofía. Desde dinosaurios, hasta películas, pasando por planes de cumpleaños.

La llevaba porque era un recuerdo de mi infancia. Era como compartir un espacio común. Entretejer mis recuerdos, con los que ella se estaba formando, de un lugar tan querido en la Ciudad de México.

La Bella Italia, heladería tradicional de la Colonia Roma.

Hace un par de semanas caminé por ahí y me di cuenta que ya había cerrado. Un cambio más de la metamorfosis que está viviendo la Roma. Fue inevitable decirle a mi hija cuando pasé por ella a la escuela. Compartir la noticia con mis hermanos y mis papás. Cerró La Bella Italia. ¿Qué habrá pasado con la rockola? ¿Qué negocio abrirá en ese lugar que albergó el recuerdo de muchos de los que vivimos en la ciudad? ¿Dónde iremos a tomar helado ahora?

Ante un cambio, una adaptación. No será lo mismo, eso es cierto. La Ciudad de México ya no será la misma. La Bella Italia estará en un lugar de mi corazón, y en el de mi familia.

9.12.19

Yoga En Tu Barrio

Este fin de semana fui a Festival Yoga en tu barrio en el Huerto Roma Verde, y me encantó la iniciativa. Impulsar una vida saludable, sin importar el nivel socioeconómico, porque Yoga, bienestar, salud y espiritualidad son para todos y todas.

El sábado en la noche fui a una clase de Kundalini Yoga con Beantpal Singh Khalsa, mi hermano espiritual y de sangre, de hecho por él me enteré del Festival. Fui a tomar la clase con mi hijo Fermín. Llegamos un poco tarde, porque yo estaba indecisa si en un Festival con tanta gente, yo podía llevar a mi hijo, de hecho le pregunté a gente que ya había ido, para saber cómo era. En fin, que al final, me animé a ir. Llegamos y ya estaban entonando el OM, Fermín se emocionó de la vibración del canto y lloró un poco, pero después se tranquilizó y empezó a ver cómo todos y todas estábamos en la práctica, así que él también se acostaba o se paraba, se paseaba entre los tapetes de sus abuelos y el mío, nos acompañaba en la práctica. Cuando nos sentamos para cantar mantras, Fermín se sentó en mis piernas y empezó a mover su cuerpo al ritmo del mantra, Los dos juntamos nuestras manos a la altura del corazón y compartimos el momento. Yo podía sentir los latidos de su corazón y su respiración, pegada a mi pecho. Fue un momento muy importante para mí y mi relación con mi hijo.

Al final de la clase, varias personas pasaron y se despidieron de Fermín. Al parecer, su presencia también los acompañó en su práctica. Me encanta la idea que un niño de 18 meses pueda vivir un momento tan profundo, que tal vez no se acordará a nivel consciente, pero que su corazón se va sensibilizando a éstos estados de armonía y paz. Me encantó que nunca me dijeron que me saliera o que no podía pasar con mi hijo. Sentí la inclusión en todo momento.

Después nos dimos una vuelta por el bazar, y estaba muy interesante y variado, desde comida, libros, tapetes y ropa de yoga, cuencos. En fin, era para darse un tiempo especial en cada puesto y conocer de todo lo que vendían.


El domingo fui a una clase que me llamaba mucho la atención: Yin Yoga. A ésta sesión fui yo sola porque era más temprano y porque quería un espacio para mí. La guía, Luisa, me llevó por un camino muy diferente a lo que había practicado de Yoga. El Yin Yoga es un estado de quietud, pero yo también sentí mucha fuerza. Es hacer las posturas, pero dejar que la postura entre al cuerpo, estar en la postura por tres minutos y sentir en todo momento la respiración.

Yo estoy más acostumbrada al Hatha Yoga, que es llevar el cuerpo a la postura, aquí es al revés, fue un aprendizaje muy importante para mí. Fue soltar el control y escuchar la música de los cuentos y mi respiración. Además, en el ambiente del Huerto Roma Verde, sentía que estaba en el campo, en contacto conmigo, con la tierra, con el mundo. Fue una experiencia de vida.

Me interesó mucho conocer dos formas de practicar Yoga muy diferentes a las que yo estoy acostumbrada; pero además que me sentí con la libertad de vivirlo conmigo misma y con mi hijo, en familia. Es la primera vez que voy a éste Festival, y en definitiva, estaré atenta de las siguientes emisiones.

Más información:
Yoga en tu Barrio: http://yogaentubarrio.com/
Beantpal Singh Khalsa: @BeantpalSinghJi