5.5.10

En una cantina

Fue hace dos semanas, en la cantina los Remedios de Río Tiber, en la Colonia Juárez. Un jueves de quincena y tránsito en la Ciudad de México, donde compartía con mis amigos carnales, mis hermanos de sangre, una jarra de cerveza de barril oscura y una botella de ron Habana añejo. Cabe destacar que cuando los hermanos nos juntamos, la tierra retumba por nuestras risas y a veces por nuestros llantos. Esta vez no fue así, solo platicamos como tres adultos tratando de entender cómo se mueve la vida.

Ese jueves me di cuenta que era madre.

Hace tres años nació mi hija, fue bienvenida al mundo con todo el amor y cuidado que un bebé puede recibir, desde entonces ha sido mi empuje diario; ese instinto natural de cuidar, procurar y entregarse sin más. Ahora es diferente, ahora convivo con mi hija, no lleno sus necesidades básicas solamente, sino que me relaciono con ella, y me encanta la idea de verla crecer como individuo con sus propios gustos y decisiones. Pasé de ser la madre física a la madre guía; la consejera, la compañera de viaje e incluso la cómplice de su visión del mundo.

Soy persona individual y madre. Ese lazo que tuvimos desde que nació, de una simbiosis natural, ahora tiene otro sentido, ella crea su propia personalidad y yo continuo con la mía, aunque las dos fuimos tocadas por la experiencia de nuestra compañía.

Fue muy curioso y a la vez con toda la lógica del mundo, que mi revelación fuera en una cantina con mis hermanos. Abrir un recuerdo de mi naturaleza, de todas las noches que nos quedábamos platicando de películas y libros; ahora los protagonistas somos nosotros. Todo eso sabrá
mi hija de mi, me seguirá conociendo y seguro sus tíos le contarán otras tantas aventuras. Espero caerle bien, por lo pronto nos la pasamos a gusto caminando juntas por la ciudad y poco a poco descubrimos más lugares dónde explorar por las calles y por nuestra alma.

Me gusta esta relación que he descubierto.¿A ustedes les ha pasado?

Por eso, este fin de semana estoy decidida a festejar el día de las madres; y un lugar que me gusta mucho es Sobrinos en la calle de Álvaro Obregón y Orizaba en la Colonia Roma. Es un buen restaurante, la comida es muy buena, el servicio también y es coloquial, lo que ayuda a ir con niños. Las tostadas de marlin y los tacos de chamorro los recomiendo mucho, al igual que las margaritas (la de mango es muy rica para este calor). Aunque no tienen menú para niños, las croquetas de jamón o la sopa de lentejas son una muy buena opción. ¿Ustedes, qué harán para el 10 de mayo?

Para los niños: Después del festejo con margaritas y tacos de chamorro en Sobrinos, pueden llevar a sus hijos a tomar un helado en la tradicional La Bella Italia que se encuentra ubicada exactamente a un lado del restaurante; la copa payaso es especial para niños. Después vale la pena dar un paseo por el mercado de pulgas de Álvaro Obregón donde los pequeños encontrarán gran variedad de muñecos y juguetes coleccionables.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por tu comentario. Saludos!