EMPRENDE PAPÁSDF






Emprender desde mi realidad.

Recuerdo que quería ser mamá emprendedora, , tener mi propia empresa de playeras y venderlas en todas las tiendas infantiles de la Ciudad de México. Quería ganar dinero y aparecer en revistas como Entrepeneur en la sección de las diez mamás emprendedoras con casos de éxito. Ahí quería estar. Invertí mucho dinero, perdí un poco más, pero el aprendizaje que me dejó marcó mi vida.

Por un lado, me di cuenta que vender playeras y juguetes didácticos para niñas y niños no era realmente a lo que me quería dedicar. Encontré la diferencia entre que me encante que existan productos así a que yo los realice. Por otra parte mi naturaleza me llamaba a estar en otro lado, todavía nos sabía dónde pero me daba cuenta que no quería estar de tienda en tienda presentando mi producto y viendo puntos de venta. Toda mi admiración para quien trabaja en ventas, es todo un universo que no logré entender.

Después me di cuenta que las playeras eran un pretexto para hacer talleres, crear reflexión desde experiencias como dibujar, imprimir en serigrafía o hacer un cortometraje. Me di cuenta que lo que quería hacer era brindar estas experiencias a niños, niñas y adultos, sólo que el cómo no lo tenía muy claro. Mis sueños de aparecer en revistas se fueron desdibujando para concentrarme en la realidad del día a día. Concertar citas en escuelas, hacer cursos sobre gestión y creación de empresas culturales, abrir un espacio propio para realizar talleres, generar un público. De pronto me vi envuelta en un sin fin de actividades y los horarios ya no concordaban con mi hija, ni con un espacio para mi. Aquí me pregunté ¿realmente quiero esto? Estoy haciendo talleres para niñas y niños y no tengo tiempo para mi hija, algo no está claro. Aquí entendí que estaba tratando de entrar a una dinámica empresarial o de emprender un proyecto que no tenía nada que ver con mi realidad.

Me salí de trabajar en programas de radio y tele para tener mi propio ritmo de trabajo, pero hasta ahora no estaba viendo claro, estaba cayendo en los mismo horarios y dinámicas que antes.

Decidí poner alto, hacer una distancia. ¿Cómo puedo lograr hacer el proyecto que quiero si no tengo el tiempo necesario? Empecé a hacer una lista de las actividades en un día normal. Me di cuenta que las mañanas preparaba a mi hija para ir a la escuela y después tenía buen tiempo para aprovechar y trabajar. En punto de las 15hrs tenía que poner pausa para estar la tarde con mi hija y las actividades extraescolares; podría seguir trabajando en la noche. Al principio me dispuse toda la mañana, pero también había otras cosas que hacer como preparar la comida, ir al banco o alguna tarea de la casa que se tenía que arreglar. Así que respiré, respiré y respiré. Empecé a trabajar por lapsos de 10 a 30 minutos con tareas muy específicas: hacer una llamada, preparar la idea para un artículo, escribir un párrafo de una carpeta de trabajo. Diario un rato de pocos minutos y seguir con las demás actividades. Así me fui poniendo tareas semana por semana, e irlas logrando poco a poco. Esto me sirvió para un taller que impartí con mujeres emprendedoras mayas y me dio mucho gusto darme cuenta que no era la única que tenía este dilema, varias mujeres no podían terminar sus pedidos de bordado porque no encontraban el tiempo. Hicieron este ejercicio y encontraron varios momentos de 10 minutos durante el día que podían adelantar en su trabajo.

Encontré que la sensación de éxito no es en salir en revistas, ni tener el título de mamá exitosa, sino ir construyendo poco a poco lo que uno quiere hacer para superarse, para ser mejor. Eso es emprender, hacer un proyecto para mejorar mis condiciones de vida; no necesariamente empresarial, sino emprender en arreglar la sala de la casa, o en regresar a hacer ejercicio, o en empezar ese libro que no has podido empezar a leer, o buscar esa casa que siempre quisiste, o empezar tu propio proyecto laboral. Me di cuenta que emprender es tomar acción de mis sueños, según mi realidad.

Si quieres empezar un proyecto o darle continuidad a algo que dejaste en pausa, te recomiendo que hagas una lista de las actividades de tu día y encuentres en qué momentos puedes invertir 10 minutos de tu tiempo para dedicarle a ese proyecto que tienes en mente. Fija tareas por día, aunque sean pequeñas, pero más vale empezar a trabajarlo, a que tu sueño siga estancado. Empieza con 10 minutos y luego podrás aumentar a 15 o a 20, te darás cuenta que sólo hacía falta organizarte y proponértelo.


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Así termina el 2015.



Este año he tenido varios cambios; tantos que siento que he crecido diez años en estos 365 días. Por un lado, aprendí a compartir la vida con una niña de ocho años, que cada día está más grande.



Es emocionante hablar con mi hija de canciones y de los directores de películas que le gustan. Verla cómo en las tardes, toma un libro y se sienta a leer como toda una niña grande. Es otra convivencia completamente.



Por otro lado, yo también crecí. Es interesante que las dos estemos definiendo nuestra personalidad con el paso de los años, y es que por mucho tiempo me definí como mamá de tiempo completo, aunque hiciera otras cosas, mi mente sólo estaba en mi hija. Ahora que la veo más independiente, me di un espacio para mi, para reconocerme y saber qué me sigue gustando o qué definitivamente ya no es parte de mi.



Este año fue para definirme y encontrarme. Todo llevó un proceso. Primero estudiarme: hacia dónde estaban mis intereses, a qué me quería dedicar, qué me hacía sentir satisfecha conmigo misma, cómo lo quería trabajar, quién era Diana ahora. Me di cuenta que lo que quería hacer era dar clases, talleres y capacitación; además de escribir. En resumidas cuentas, quería compartir conocimiento y experiencias; aportarle algo a mi comunidad con temas de Perspectiva de Género y Cultura de Paz.



Ya tenía definidos los temas, ahora era investigar cómo podía conocer más de Cultura de Paz y cómo podía trabajar en temas de Perspectiva de Género; así que busqué cursos en línea y encontré un diplomado de Cultura de Paz en la Ibero, y un trabajo en la selva maya para mujeres emprendedoras. Las respuestas estaban frente a mi. Tuve miedo, mi inseguridad de que tal vez no era capaz de hacer ni el curso, ni el trabajo, me paralizaron un rato. Vaya que tuve miedo, pero lo dejé ir. Di el paso para tomar el curso y ponerme a trabajar. Lo más gratificante fue darme cuenta que al final, sí pude. Logré terminar el Diplomado y ahora estoy preparando talleres sobre Cultura de Paz para el próximo año; y el trabajo en la selva fue una experiencia llena de contento. Me dio la fuerza para decidirme que este es el camino que quiero tomar y el próximo año vienen más talleres de este tema en la selva y en el DF. 



Así termina el año, sabiéndome mujer que trabaja en Cultura de Paz y en Perspectiva de Género; temas que me llenan de contento. Que escribo porque es mi forma de encontrarme en el mundo. Que soy mamá de una lectora maravillosa de ocho años. Que soy esposa hace nueve y cada vez más conciente de lo que implica el matrimonio. Que cada día es un descubrimiento más de mi, para mi. Que me gusta volar cuando corro y escuchar mi voz cuando canto.



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