YOGA PAPÁSDF

Tres enfrentamientos y dos enseñanzas.

Han sido días de reflexión y atención. Desde hace tiempo tenía el llamado, pero por varios temas de logística y que realmente no hacía el ejercicio de darme el tiempo, no lo hacía, hasta ahora.

Entré a un curso de meditación, el objetivo era calmar mis pensamientos, que a veces son muchos y muy rápidos. A veces siento que mi cerebro va como una autopista al infinito: a veces ligera, a veces muy congestionada de muchas ideas innecesarias. Así que el objetivo era encontrar un punto de quietud mental.

El lunes fue mi primer sesión. Llegué tarde, 10 minutos, porque las diligencias de la casa no terminaban. Llegué apresurada y estresada cual conejo de Alicia. Crucé la puerta del Centro Budista y fue como entrar a otra dimensión; hasta me sentí apenada de estar tan tensa, esa fue mi primer reacción y luego pensé ¿será que así estoy todo el día?. Primer enfrentamiento.

El olor al incienso, el sonido de la fuente, la atmósfera de madera y las imágenes de Budas. Todo me abrazó y me hizo dejar mi vida afuera de la puerta. Entré al salón. Todos estaban sentados en el suelo y descalzos, traté de no hacer tanto escándalo y ponerme en la misma posición que todos, aparentando que no había llegado tarde como si fuera mi primer día en la escuela y la maestra me fuera a regañar por la impuntualidad. Tal cosa no pasó. Vaya que estoy predeterminada a la reacción institucional. Segundo enfrentamiento.

Llegó la pregunta de por qué estábamos empezando este curso. Algunos de los participantes mencionaban términos budistas y estadíos mentales bastante letrados. Yo cada vez me hacía más chiquita para que no me vieran, ¿cómo decirles que no sabía nada de Budismo? ¿cómo decirles que mi búsqueda es la quietud?. Hasta que una valiente habló, era una señora. Anunció que no sabía nada de Budismo, que era mamá de dos hijos de 20 años, que estaba en el curso porque se había dado cuenta que no se acordaba de la infancia de sus hijos, porque no estaba atenta al presente y quería trabajar más el disfrutar el momento. Esta declaración me llegó al corazón, me dejó pensando ¿cuántas veces soy consciente de que estoy con mi hija? ¿cuántas veces soy consciente de que soy mamá? Cada momento es para disfrutar, hacerme consciente de que estoy consciente, como dijo la Maestra. Tercer enfrentamiento.

Los enfrentamientos se vuelven enseñanzas: Primera enseñanza.

El teléfono sonó, fue un recuerdo de que el mundo seguía girando allá afuera. Realicé el acto de apagarlo. La primera vez en mucho tiempo que, por un momento, silencié el mundo. Decidí que la próxima hora sería solo para mi. A buen momento, empezaba la meditación. Debo decir que me quedé dormida. Así, sentada, con la espalda derecha y los hombros hacia atrás. Así me quedé dormida, no me había dado cuenta de lo cansada que estaba hasta ese momento. Mi mente no pensó. No acomodó las cosas que tenía que hacer, ni discutió con si misma cuál sería el menú del día, ni realizó una lista infinita de diligencias sin concluir, la mente no dijo nada. Escuché la campana que indicaba el final de la meditación. Abrí los ojos y me sentí viva. No me había dado cuenta de lo bien que se siente que el aire entre a los pulmones. Segunda enseñanza.

En ese estado mental regresé a casa.

Ahora todo va más lento. Ahora trato de hacer consciente el estar consciente. Ahora ¡quiero que sea lunes otra vez!

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( Una reflexión espiritual )

Es viernes. Las 19:59 horas para ser exacta, acabo de salir del cine, de darme una escapada de adulta solo para ir al cine. Mi hija se quedó con mi mamá, mi esposo esta en el trabajo y no aguanté el impulso de hacer lo que me gusta. Ver películas.

La película que vi se llama 127 horas (127 hours). La dirige Danny Boyle, quien dirigió Trainspotting y Slumdog Millionare. Actúa James Franco, solo lo había visto actuar en todas las de Spiderman. La trama de la película es un hecho real: un montañista que sufre un accidente y su mano se queda atorada en una roca, dejándolo inmóvil en la parte más profunda de un cañón, cerca de Moab, Utha (E.U.A). Pasaron 127 horas para que lograra salir. Una historia de sobrevivencia, angustia y fuerza. La dirección de actores y la actuación es muy buena. La edición es el estilo de Danny Boyle, muy dinámica y elegante. El guión es un viaje de emociones.

Esto es grandes rasgos la película. Se las recomiendo.

A nivel espiritual, esta cinta me deja con más enseñanzas. Los primeros cinco minutos escuchamos una canción que las letras dicen algo así como: ¿qué es lo que nos hace diferentes al resto de los animales?. Esta frase del coro, combinado con las imágenes de gente haciendo deporte extremo, me dieron a entender que lo que nos hace diferentes es el tener el control, de llegar al límite sin que pase nada.

Van pasando los minutos y vivo, junto con el personaje, el camino al enfrentamiento personal: El entender que no soy perfecta y que tampoco puedo hacerlo todo sola. El saber que hay gente que se preocupa por mi y yo no les doy la misma importancia. El asumirme como ser mortal. El aceptarme como ser mortal.

Al final llegamos -el personaje de la película y yo- a la iluminación. El personaje se abraza a la muerte hasta que ve la vida. Toma fuerza y logra escapar de esa roca pesada que lo atrapa. Ahora puede moverse; pero la historia no termina ahí, sigue caminando por las montañas desiertas, con sed y hambre. Encuentra a otros montañistas y con todas las enseñanzas que la montaña le dejó, grita desde su corazón: ¡ayuda!¡necesito ayuda!

Ahora sí, nuestro personaje es libre.

Esta historia no es un anecdotario de cómo sobrevivir. Es una reflexión personal: La vida es porque nosotros la buscamos que sea. Hay que pedir ayuda aunque no estemos en la parte más baja de un cañón desolado. Eso es lo que nos hace diferentes a los animales, desde un principio de la película lo señalaron. Lo que nos hace diferentes, es que tenemos la capacidad de aceptar que necesitamos del otro. Que somos parte de una comunidad, como aquellas ancestrales que pintaban sus recuerdos en las piedras.

Agradezco a esa roca que no me deja mover. Me separo de ella y me asumo como ser social. Ser humanista.

¿ustedes tienen alguna roca?

Salí del cine con una sonrisa en el rostro y con mucha energía de vivir: reír, llorar, sufrir, brincar, equivocarme, acertar, frustrarme, volver a intentar, lastimarme, apapacharme. Asumir las decisiones que yo tome. 

Vivir y darle vida a mi seres queridos.
 


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