IGUALDAD PAPÁSDF

Es curioso cómo la mente se conecta con lo que sucede en el exterior, aunque uno lo haga consciente. Sin tener en cuenta que era el día de la mujer, en la madrugada de hoy me descubrí esposa, madre, comunicóloga, mujer y sobre todo una muy buena amiga mía.
 
Sucedió cuando llegaba a casa en punto de las 2 de la mañana. Después de una junta de trabajo bastante larga, entré a mi hogar con mi hija en brazos. Mi pequeña estaba dormida, la recosté en su cama y le di el beso de buenas noches. Mi esposo estaba en la cama, se fue a acostar después de que vio que llegamos con bien, ya era hora de descansar del pesado día de trabajo.

Yo estaba a punto de hacer lo mismo. Solo tenía que quitarme el maquillaje desgastado del día anterior. Ahí fue. Frente al espejo. Como cualquier revelación mítica de enfrentamiento personal. Me vi al espejo. Sin más. Mi rostro estaba pálido por el cansancio, mis ojeras ya tienen un oscuro que se acumula día tras días, mi cabello estaba completamente despeinado. Me quedé viendo a esa mujer del espejo. La vi por un buen rato. De la nada dibujé una sonrisa. El cutis pálido, las ojeras profundas y el cabello descuidado se vieron con una hermosura perfecta. Me sentí feliz y fuerte de tener todos los roles que quiero tener y jugar en la vida.

Aquí estoy, parada frente al espejo de la vida, encontrando mi poderío de mujer que puede hacer lo que quiera. Todas podemos.

Aquí estoy, frente a la vulnerabilidad de mi reflejo, asumiéndome como mujer que trabaja diario, casi 24horas continuas para poder lograr lo que mi espíritu determine. Todas podemos.

Aquí estoy, frente a mi misma, aceptándome cansada. Disfrutando mi sonrisa después de otro día de seguir el camino de mis sueños. Todas podemos.

Todas podemos vernos al espejo y sonreír, porque los logros que tenemos en nuestra vida traen la bendición ancestral de mujeres y hombres creadores por igual.

Feliz día de igualdad. Feliz día de trabajar con la frente en alto. Feliz día de otredad.


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Día del padre...

El jueves pasado publiqué sobre el día del padre, aqui les comparto la experiencia de Bruno,mi esposo,en su aventura de que su pequeña le diga papá:

El día del padre siempre ha sido un día complejo para mi.... Hasta hace dos años, tuve dos padres a quíenes debía festejar y en dos lugares distintos: mi abuelo que me crió y mi padre. Mi abuelo está con la familia que ya se adelantó, esperando limpiemos nuestro karma los que seguimos en este plano existencial. Mi padre, ahora bisabuelo por tres, tiene que compartir  su espacio con los espacios de los que son sus bisnietos y bisnietas. Las diferencias de género se acentúan alrededor de la paternidad y los hijos.

A los padres nos toca la parte menos bonita (no la “más chafa” que nunca existe eso con la sonrisa de los hijos) de ser quiénes llevan la responsabilidad de disciplina, educación y proveer a los nidos familiares... nos obliga a perdernos de la maravilla del contacto diario con nuestros hijos e hijas... las horas de la oficina le ganan el espacio a las horas de las risas de dibujar y colorear, los “mamá, vamos al parque” ceden espacio a los “vas a ver cuándo llegue tu padre”.

Empero, la sociedad holística del XXI (o los intentos por educar a quiénes nos cuidaran cuando seamos abuelos, bisabuelos y -con suerte- tatarabuelos) pasan necesariamente por un compartir de ocupaciones, roles y trabajo. Sí, le hablaba a mi amor de vida Jorja desde sus seis meses “Jorja, I'm your father” entre risa y risa, parodia de la primaria preadolescente, recuerdo de los amigos que ahora son mis compadres, tíos de mi hija y familia de la vida. Pero estos son los espacios que nos deja el cosmos para interactuar... espacios que ahora se conviertene en que muchos de nosotros cambiamos pañales, bañamos a los hijos (saludos Rubén), dejamos oficinas para recogerlos (ese Hari),  empezamos la jornada de trabajo a las 3 a.m. (sólo tú Gerardo), nos concentramos en conseguir una casa con jardín y calidad de vida, aunque así impliquen recorrer horas para el trabajo (Mario, siempre mi afecto), brincar de empresa en empresa para asegurar el patrimonio y ser padres por 3a vez con gemelas e hijo (Gerry, compadre, ¡vaya aventura! -y valor-), o tener que mandar videoconferencias en la blackberry cantando “FELIZ CUMPLEAÑOS” a mi hija a media República de distancia mientras trabajo en campo. Todo domingo dejamos el mundo de la discordia, de la agresión, de la violencia, de “machos” peleando con otros “machos" para obtener el sustento y cuidado familiar, por el de cocinar, poner el asado, picar cebollas y usar mandil mientras preparamos la comida. Ser quien prepara la comida es uno de los mejores placeres.

Hasta ahora, dos momentos ocupan mi éxtasis: La sonrisa de una bebé de pocas horas de nacer (aún ni había “booteado” todo su organismo) al recibir de mi mano leche materna mientras se dormía entre mis brazos; y el sentarla frente al segundo corte de un documental de dinosaurios que estaba acabando de montar y me dijera: “¿me lo pones de nuevo papá?”.

Esos momentos son cuando las lágrimas ganan a mi “machismo” y me recuerdan a mi abuelo, a mi padre, a mis tíos -algunos ya adelantados en esta inevitable carrera de planos existenciales- y la maravilla de todas las figuras paternales y maternales que no hacemos mas que repetir el milagro de esa célula eterna que desde el origen se ha reproducido y sigue reproduciéndose... más allá de estar contento en el “día del padre”, estoy completo por todos los días de vida.


Y ser parte del engranaje cósmico... ahora bien, que Jorja coma su desayuno antes de las galletas, es otro tema.

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El ser individuo y al mismo tiempo mamá, es un trabajo de balance. Es hacer respetar los espacios propios y las necesidades personales. Es un trabajo constante de tranquilizar las emociones encontradas y los sentimientos de culpa. 
 

Por querer ser yo, no estoy siendo mala madre. Esto lo aprendí en los últimos nueve días. 

Resulta que antes de que naciera Sofía, me dedicaba a hacer documentales. Apenas estaba empezando ese sueño personal, porque estaba saliendo de la carrera de Comunicación. Todavía embarazada, estaba en el rodaje de un documentla e iba a hacer trabajo de campo en los cinturones de pobreza de Nonoalco, con la panza de siete meses. Cuando nació Sofía fue diferente, mis ritmos de tiempo cambiaron y mis prioridades también. Después vino otra propuesta de documental en la que participé solo en la invesitgación, porque no tenía tiempo de trabajar en campo junto con los personajes. Se volvía muy demandante.

Tomé la decisión de trabajar en otras cosas donde pudiera administrar los espacios y los tiempos, que pudiera trabajar en casa y que pudiera estar con mi hija. Además de que tenía la idea de que estaba haciendo algo por mi país, porque hacía programas de radio sobre temas de seguridad en diferentes municipios. Para mi, era un servicio a la comunidad en estos tiempos de violencia e incertidumbre. Al final, las políticas internas y locales pudieron más y el proyecto terminó antes de tiempo. En esta etapa aprendí mucho, pero sentía que me faltaba algo, sentía un impulso por trabajar en lo que me llenara el espíritu, así que regresé al documental.

Ayer regresé de Nicaragua, donde estamos trabajando para hacer una película. Por más cansada que me sintiera por trabajar todo el día, estar en campo con baños de agua fría, cargar todo el día la mochila de trabajo y viajar anímicamente con las historias de los personajes, regresé a casa con una sonrisa de oreja a oreja. Porque me di cuenta que esto es lo que me gusta: hacer documentales, conocer a la gente, conocer sus historias, sentarme en donde se pueda y escuchar. Eso es lo que me gusta y lo hago bien.

Sofía se quedó con su papá, lo cual es una ayuda invaluable. Cuando hablaba con Sofía por Skype me emocionaba de contarle todo lo que vi: los niños que conocí, las historias que me contaron, las aventuras de viaje que viví. Cada vez que me escuchaba, los ojos de mi hija se iban haciendo más y más grandes y mi sonrisa crecía también.

Así quiero que me conozca Sofía, emocionada con lo que hago, orgullosa de lo que soy, inspirada por ella y por mi. Esa es una enseñanza que también le quiero dejar, que haga lo que le apasiona y que si esta en constante contacto con ella misma y en un balance personal, todo lo que esté a su alrededor tendrá armonía.

Ser madre no es cantidad de tiempo, sino calidad. Ahora ya me urge que sea la hora de la salida del colegio para pasar por ella y darle un abrazo fuerte, decirle que la extrañé y escuchar cómo le fue en su día de clases.



 

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